El sol de las tres de la tarde caía como plomo fundido sobre el asfalto agrietado del patio de máxima seguridad. Valeria no prestaba atención al sudor que le empapaba el uniforme gris ni al olor a óxido que flotaba en el aire estancado; su mente estaba concentrada en el ritmo de su respiración mientras lanzaba combinaciones de golpes al vacío en una esquina aislada.

El acecho de la bestia El silencio cayó sobre el patio como una guillotina cuando Berta, conocida por todas como «La Leona», cruzó la puerta de malla ciclónica escoltada por sus tres matonas. Llevaba años controlando el pabellón a base de terror, extorsionando a las internas de nuevo ingreso y Leer más

El eco de las risas burlonas rebotaba contra las paredes de concreto del estacionamiento subterráneo. Mateo, enfundado en una chaqueta que probablemente costaba más que el alquiler de un año, se recargó con arrogancia contra el capó del imponente deportivo negro.

Frente a él, Leo se mantenía en silencio, con las manos hundidas en los bolsillos de sus jeans desgastados y una vieja mochila colgando de un hombro. Acababa de terminar su turno doble en el taller de modificaciones, y sus botas aún conservaban rastros de aceite. El Espejismo de la Leer más